sábado, 3 de mayo de 2014

Uruguay: El próximo gobierno heredará una situación macroeconómica estable pero con 2 problemas importantes, según Gabriel Oddone de CPA Ferrere

Gabriel Oddone prevé que el próximo gobierno heredará “una situación macroeconómica estable, con dos problemas importantes: una inflación elevada y unos precios en dólares desalineados del equilibrio de largo plazo” y afirmó que, “para desatar ese nudo, la variable crucial en materia de gestión de políticas macro hacia adelante es tener un esquema de negociación salarial más adecuado que el que tenemos hoy”.
Ec. Gabriel Oddone
Recibió a El País Agropecuario el 1º de abril en una de las salas de reuniones del Edificio FERRERE, la nueva sede de CPA Ferrere, ubicada en Juncal y Rincón. El economista dijo que el encarecimiento en dólares de la economía nacional finalizaría este año, que si los planes del nuevo elenco económico del gobierno argentino tienen éxito a tiempo “podemos tener un 2015 totalmente distinto” en el país hermano y que el agro uruguayo debe prepararse para un debate sobre la tributación del sector sin apelar a “argumentos antiguos”, entre otros temas.
He aquí una síntesis del diálogo con Oddone, uno de los seis socios de la firma que fundó Daniel Ferrere. En 1996 contaban con dos profesionales, una casa casi vacía y un puñado de clientes. Hoy, junto con FERRERE Abogados, tienen un staff de más de 500 personas.
-En el plano internacional se espera un gradual fortalecimiento del dólar en primera instancia y una suba lenta de las tasas de interés un poco más adelante. La contracara de eso debería ser un retiro más o menos rápido de capitales de la región. ¿Cómo afectaría ese nuevo escenario al Uruguay?
-Diría que es un escenario que, tal y como lo estamos previendo, es menos favorable para Uruguay de lo que lo era el de los últimos años. Sin embargo, la forma en que se está produciendo la transición entre escenarios no es una mala noticia para Uruguay. Era natural que ocurriera que el escenario de tasas de interés bajas, de flujo de capitales muy positivos para América Latina y para los emergentes (…) llegara a su fin cuando la política monetaria de Estados Unidos tendiera a normalizarse.
El proceso de normalización ya comenzó. (…). Está siendo manejado de una manera lenta y parsimoniosa. Es un escenario que va a normalizar algunas tendencias de algunas variables en los mercados financieros que no eran sostenibles a mediano plazo, y cuyo mantenimiento podría alojar riesgos de burbujas o de decisiones de inversión inadecuadas.
Un escenario de tasas de interés muy bajas, o de precios de los commodities muy tonificados por el dólar muy alto, podría estar transmitiendo señales de precios a los mercados, o a quienes deciden en materia de inversión, que no eran básicamente adecuadas, porque no eran señales basadas en fundamentas sostenibles a largo plazo. Por tanto, la normalización es bienvenida.
Y el hecho de que se produzca de una manera parsimoniosa y lenta también le da tiempo a Uruguay para atacar algunos de los problemas que tiene, o asignaturas pendientes que tiene, como lograr una transición de un país caro en dólares y también cómo recomponer los problemas de inflación (…).
El escenario internacional es claramente menos amistoso para Uruguay, (…), ya sea porque los flujos de capitales son menos positivo, porque el acceso a financiamiento va a ser más caro, porque loscommodities no van a tener un impulso de precios asociado a un dólar muy barato.
Pero, al mismo tiempo, en la medida en que nos movemos hacia un mundo más normal y más sostenible, es bueno para Uruguay, porque en el otro escenario había un riesgo de que se estuvieran transmitiendo señales equívocas para quienes tienen que tomar decisiones. En síntesis, si bien la situación internacional será menos favorable para Uruguay, la forma en la que parece estar procesándose la transición y el hecho de ingresar a un escenario más “normal” desde el punto de vista financiero, terminarán por ayudar a Uruguay.
-¿Hasta dónde es posible hacer subir al dólar, mejorando la competitividad del sector exportador, sin afectar la inflación?
-La inflación llegó a 9,8% en marzo. Con las medidas adoptadas, el gobierno logró una rebaja de un punto en la tasa de crecimiento de los precios. De esta forma, una vez superado un segundo trimestre con registros cercanos al 9,5%, la inflación tenderá a estabilizarse en torno al 9%. En ese contexto, el margen para (…) promover una depreciación acelerada del peso (…) es escaso, porque (…) la inflación es afectada por el tipo de cambio. (…). No obstante, creemos que hay margen para que este año el tipo de cambio se deslice hasta los 24 pesos por dólar y el año que viene hasta los 25 pesos. Ello supone que al cerrar el bienio 2014 – 2015 la depreciación del peso apenas habrá sido suficiente para compensar la inflación.
¿Qué quiere decir eso? Que por lo menos el fenómeno de encarecimiento en dólares del país llegaría a su fin en 2014 –o que, si se encarece, será muy moderadamente-, y que probablemente ya de cara al 2015 podríamos entrar en una etapa de algo más de depreciación real de la moneda.
De todos modos, para recomponer la competitividad lo importante no es solo depreciar el valor nominal del peso, sino lograr que la depreciación de la moneda exceda la inflación, y -además- hacerlo más rápidamente que nuestros socios comerciales. (…).
-Con Brasil y Argentina condicionándonos, ¿cómo ve a la región?
-Uruguay está recibiendo desde 2011 un shock regional, moderado pero shock regional. Argentina y Brasil se han desacelerado de manera abrupta, habiendo crecido al 2 o 2,5%, tasas muy bajas para sus ingresos per cápita. Las perspectivas de la mayoría de los analistas para ambas economías confirman que en los próximos dos años no van a crecer de manera muy acelerada. Como si esto fuera poco, son dos economías que en los últimos dos años consolidaron un abaratamiento relativo respecto a Uruguay.
Hoy Uruguay, cuando se compara con Brasil, está 25% más caro de lo que estaba hace dos años. Y no solo nos hemos encarecido sino que además estamos más caros respecto del promedio histórico. O sea, estamos desviados de lo que sería un equilibrio de precios relativos con Brasil.
Con Argentina, el dólar relevante para los negocios que mantiene Uruguay, que son esencialmente en el sector servicios, es el blue, porque los negocios en el sector comercial que se han regido por el cambio oficial son apenas el 5% de las exportaciones de bienes uruguayas. Cuando uno mira el blue, entonces, tenemos un desvío del tipo de cambio real con Argentina de una relativa similitud del que tenemos con Brasil -25%-.
La diferencia entre Brasil y Argentina va a ser que Argentina va a estar sometida durante este año a un proceso de bajo crecimiento con alta inflación, probablemente con una inflación superior al 40%, en el entorno del 45 o 50%, y con el típico fenómeno, como ocurría en los años 80, de una espiral devaluatoria e inflacionaria, por lo cual van a haber meses en los que tendremos un escalón de depreciación de la moneda, como pasó en enero, en los que se abaraten bastante respecto a Uruguay, pero el mes siguiente posiblemente veamos que la inflación erosiona una buena parte de ese avance en materia de competitividad. Y así estaremos casi todo el año.
No obstante, nuestra visión es que, al menos en los próximos dos años, las condiciones para que Brasil y Argentina estén baratos y abaratándose respecto a Uruguay se mantienen, de manera tal que Uruguay va a importar dos cosas de Argentina y Brasil: un menor nivel de demanda agregada y, sobre todo, va a importar deflación. (…).
¿Por qué? Básicamente por dos cosas. Una, porque los argentinos van a venir menos, y los uruguayos van a ir más a comprar a Argentina. ¿Eso qué supone? Que la demanda doméstica no va a presionar enteramente sobre nuestro mercado interno.
Los cambios en Argentina
-Ha afirmado que, desde fines del año pasado, en el gobierno argentino pasan cosas que constituyen cambios.
-Creo que es importante que en Uruguay decodifiquemos eso. En Argentina, en diciembre, cambiaron muchas cosas. Cambiaron el jefe de gabinete, el ministro de Economía, el presidente del Banco Central, el secretario de Comercio. (…).
Cada día me convenzo más de que hay un plan, más allá del discurso. El discurso sigue siendo heterodoxo, (…) con visos populistas, a veces agresivo con el establishment. Pero cuando uno mira lo que se hace encuentra que las decisiones que se toman son coherentes entre sí, y que hay coordinación entre ellas. (…).
Hay una política monetaria muy contractiva, con tasas de interés que subieron por encima del 30%, y que muestran una trayectoria de la base monetaria de mucha contracción. ¿Qué quiere decir eso? Que el Banco Central ha puesto un apretón que supone mucho menor holgura para financiar el déficit fiscal incipiente, y por lo tanto para monetizar ese déficit y por lo tanto para espiralizar la inflación (…). Eso no quiere decir que la inflación vaya a ceder, sino simplemente que no converge hacia un escenario descontrolado o de riesgos hiperinflacionarios.
Además, hay un sinceramiento del mercado cambiario, que ha permitido que el dólar oficial se acerque alblue. Aunque persisten dos o tres sistemas de cambios, hay mayor probabilidad de que Argentina normalice un sistema de tipo de cambio unificado en algún momento, o vaya a un esquema de cambios múltiples explícito, pero bajo un soporte de manejo macroeconómico más sólido. (…).
Ahora hay un índice de precios de consumo realizado bajo control y supervisión (del FMI) (…), que ya reconoce un nivel de inflación que no es el que el INDEC informaba.
Y algo muy importante; el ministro de Economía insinuó recientemente una modificación tarifaria, vinculada a aumentar más las tarifas a los sectores de altos ingresos en relación a los de bajos ingresos. En Argentina el déficit fiscal está esencialmente explicado por el déficit energético y un sinceramiento de las tarifas conduce a resolver el problema fiscal por el camino correcto. (…).
Argentina no tiene un severo problema macroeconómico, no tiene un alto nivel de endeudamiento, tiene un déficit fiscal pequeño –de 2,4 del PBI- y no tiene una cuenta corriente súper deficitaria. Basta poner en orden las piezas para que la situación económica mejore rápidamente. (…).
Está atacando tres frentes, en los cuales, si tiene éxito en los próximos seis meses, podemos tener un 2015 totalmente distinto en Argentina. ¿Cuáles son? Uno, las paritarias salariales. Dos, las negociaciones con el Club de París, que se inician en mayo. Tres, los resultados de la cosecha agrícola. Si dos de esas tres cosas salen razonablemente bien, creo que tendremos un 2015 con una economía diferente en Argentina- (…). El resto del ajuste macroeconómico me parece que va a ser tenso social y políticamente, pero que, si atraviesan el 2014, tienen buena chance de haber dejado resuelto el problema. (…).
Lo cual es una buena noticia para Uruguay, aunque seguramente los efectos de derrame sobre nuestro país en términos de turismo, en términos de encarecerse para que otra vez el flujo de uruguayos hacia allá sea menor, no lo vamos a ver hasta bien entrado el 2016. Si toda va bien.
China y sus impactos
-Un menor crecimiento de la economía china implica una caída en la demanda y, por consiguiente, en el precio de los alimentos. Ese menor crecimiento, ¿podría afectar la porción de mercado que consume los productos que exporta Uruguay?
-(…). La economía china parece estar desacelerándose más de lo esperado, con una producción industrial que también parece estar más desacelerada que lo esperado, y crecería en el entorno de 7-7,5% este año.
El precio del cobre es un indicador muy importante para medir la salud de la economía china. Y ha tenido una caída muy importante en los últimos meses, en particular en marzo. Mostraría que la economía china posiblemente se esté desacelerando a una tasa más importante de la que los analistas tienen descontado. La economía podría crecer menos del 7,5%.
¿Es un fenómeno en sí mismo preocupante para Uruguay? En principio, uno tiende a pensar que no. China, esencialmente, es demandante de productos primarios de tipo alimentario. Una tasa de crecimiento de ese calibre no debería producir una retracción de la demanda que afecte los precios de una manera importante. (…).
Los especialistas suelen decir que lo que hemos visto en el último año y medio es que el precio del maíz, del trigo, de la soja, (…) reflejan de una manera más genuina los fundamentos del mercado, los balances entre oferta y demanda, y los stocks disponibles, que lo que ocurría hace cuatro o cinco años.
Por lo tanto, los precios relevantes de exportación para Uruguay van a estar mucho más jalonados por eventos que tienen que ver con fundamentos específicos de cada uno de los mercados. (…).
Algunos analistas opinan que el fenómeno de bancos o instituciones financieras sin regulación, que en China han impulsado el crédito de manera importante en los últimos años –en particular en el sector inmobiliario-, genera el riesgo de una eventual explosión de burbuja inmobiliaria en algunas ciudades de China, sobre todo si el crecimiento de la economía se desacelera de manera abrupta. (…).
La venta de El Tejar Uruguay
-La empresa argentina El Tejar –que invirtió fuertemente en Uruguay y creó aquí una filial- vendió sus activos y se retiró del país. ¿Qué lectura hace de este hecho?
-Estoy lejos de ser un experto en el negocio agropecuario como para dar una evaluación sólida del tema. Sin rehuir la pregunta, la impresión que tengo es que hay un reposicionamiento regional de la compañía y de sus intereses en la región.
También digo que producir en territorio uruguayo alguno de los productos que son estrellas en el mundo, con estos niveles de precios y con los niveles actuales de costos, deja un nivel de rentabilidad que probablemente no es el más atractivo para compañías que tienen una vocación de rentabilidad agresiva en un negocio como el agrícola. (…).
Pero no creo que estemos ante un evento de salida masiva de inversiones. La salida de El Tejar es un evento importante por la magnitud que tiene la compañía, pero tampoco creo que se trate de un evento justificado por un escenario de fundamentos que no cierran.
Y el hecho de que haya comprado otra empresa lo demuestra. Si bien los márgenes del negocio agrícola en el Uruguay no son los de hace unos años, cuando había un precio más alto de la soja y costos de producción más baratos, siguen siendo atractivos.
El precio de los commodities agropecuarios
Ya expresada su impresión general de que, en perspectiva, “los precios relevantes de exportación para Uruguay van a estar mucho más jalonados por eventos que tienen que ver con fundamentos específicos de cada uno de los mercados”, Oddone amplió su argumentación:
-El hecho de que el dólar se esté apreciando de manera moderada y no acelerada le va a quitar presión a los precios internacionales, pero no de una manera abrupta. En principio, si hay cambios dramáticos en los precios de los commodities, se explicarían mucho más por eventos específicos de cada uno de los mercados.
En ese contexto, se puede decir que la soja parecería estar un poquito más alta que lo que los balances entre oferta, demanda y stock permiten presumir. Algunos expertos señalan que eso se va a traducir en las próximas semanas en una leve tendencia a la baja. Pero el precio de la soja se consolida por arriba de los US$ 500 la tonelada, y eso para Uruguay es un buen dato. (…).
En el caso de los lácteos, el evento de sequía en Oceanía muestra que el precio de la leche va a estar firme y sin muchas chances de aflojar de manera sistemática.
Y en el resto de los productos relevantes para Uruguay –maíz, trigo, carne-, en principio la sensación que uno tiene es que los precios actuales reflejan adecuadamente los balances de fundamentos, por lo que uno no espera cambios sustantivos de los precios.
Tal vez, sí, con alguna corrección específica en Uruguay, derivada de los reacomodamientos que tienen lugar en el mercado doméstico en materia industrial, pero no a corto plazo sino en un plazo más mediato.
Impuestos al agro: el debate que viene
-Qué perspectivas de aumentos impositivos enfrenta el agro, considerando que el precandidato presidencial que lidera las encuestas de intención de voto suele referirse genéricamente al sector como “los poderosos estancieros”?
-Uruguay –en sentido estricto- no tiene un problema fiscal significativo. O sea, hay un equilibrio presupuestal primario, el déficit fiscal, que es del orden del 3% del Producto –y va a ser levemente superior este año según nuestras estimaciones, en torno a 3,1-3,2%-, no es en sí mismo una restricción fiscal como para que el próximo gobierno tenga que arbitrar medidas de ajuste fiscal por el solo hecho de ese resultado.
El punto central es que hay un conjunto de promesas en la campaña electoral –algunas son rebajas impositivas, otras son incrementos del gasto, por ejemplo en educación- que requieren recursos adicionales, y la impresión que todos tenemos es que, si bien el resultado fiscal no está comprometido ni mucho menos, y está largamente financiado y no es una fuente de inestabilidad, no hay mucho espacio fiscal para aumentar gastos o alojar rebajas impositivas significativas, sin que eso se traduzca en alguna pequeña alteración de los equilibrios macro hacia adelante. (…).
Otra cosa es abrir espacios para nuevos gastos, en cuyo caso creo que el próximo gobierno va a explorar la posibilidad de rebalanceos tributarios. Y creo que el sector agropecuario es candidato –por lo menos del candidato de la fuerza mayoritaria- a ser revisado. (…).
Lo deseable sería que cualquier revisión que se haga en el sistema tributario tenga una mirada del tipo de la que hubo cuando la reforma del 2007, es decir que una mirada lógica y consistente, que de alguna manera trate de preservar los principios básicos de un sistema tributario.
No es deseable incurrir en discusiones o modificaciones tributarias como las que se discutieron a lo largo de este período, que tenían miradas muy parciales, como en el caso del ICIR, (…) que descuidan los equilibrios por los que un sistema tributario debe velar. (…).
El único sector que tiene escalas de producción –el único por ahora, no considero aquí al sector minero o a un eventual sector petrolero-, que tiene una capacidad de conexión con la economía global, es el sector agropecuario, y todo lo que lo rodea. Es la producción industrial vinculada a la fase agropecuaria, la producción agropecuaria per se y la logística que la rodea.
Por lo tanto, el riesgo es sobregravar al único sector que, de alguna manera, es competitivo a nivel internacional. Prefiero equivocarme gravándolo un poco menos de lo que debería gravarlo, que gravarlo en exceso. La historia del Uruguay de los años 30, los 40 y los 50 es de un exceso de gravamen sobre el sector agropecuario. (…). El agro, además, ha demostrado en los últimos años ser capaz de incorporar tecnología, de innovar y de generar efectos de derrame (sobre el resto de la sociedad).
(…). Hay una tentación muy grande con la valorización, y es verdad que los productores agropecuarios han tenido en los últimos años un aumento fenomenal de su patrimonio, a raíz de esa valorización.
El problema es que yo no puedo intentar, en una estructura tributaria, apropiarme de una parte de una renta no realizada, porque es la mejor manera de generar un exceso de gravamen sobre la actividad. Si vamos a gravar la valorización extraordinaria de la tierra, (…), vamos a hacerlo en el momento de la realización de ese valor. Ese momento es la venta, o la transacción inmobiliaria.
Es una discusión que, en mi opinión, el sector agropecuario va a tener por delante. Creció, innovó, incorporó tecnología y mejoró su rentabilidad, a pesar de que la rentabilidad no es la que el habitante de la ciudad se imagina. Pero es un sector que está asentado sobre un activo que vale muchísimo más. La sociedad tiene que participar de esas mejoras del agro, porque eso es parte de la lógica de convivir en conjunto en esta sociedad.
Cuál es la manera más racional y más justa de hacerlo, y menos ineficiente, es lo que hay que construir. Creo que es un debate que se va a venir en la próxima administración. Y tengo la sensación –lo digo con mucho cuidado, con mucho respeto- de que los grupos empresariales del sector agropecuario no parecen estar decodificando adecuadamente la discusión en la que se van a meter, ni parecen estar teniendo los argumentos racionales que será necesario esgrimir en ese debate.
-¿Solo los grupos empresariales? ¿O también los gremiales?
-Empresariales y gremiales. La impresión que uno tiene, desde Montevideo, es que la aproximación conceptual que hay sobre el tema tributario y la participación del sector (…) sigue siendo, cuando uno mira la voz organizada, (…) un discurso muy conocido, muy tradicional, que no parece recoger adecuadamente los cambios que se han dado en el sector y las demandas que desde el sector urbano se le van a trasladar al agro en los próximos años.
Lo peor que le puede pasar al sector agropecuario es ingresar en ese debate con clichés o con argumentos antiguos, porque (…) necesita fortalecer su capacidad discursiva para que el resultado final que se dé en materia tributaria, o en materia de legislaciones tributarias sobre el sector, refleje un adecuado balance entre los intereses de las partes.
El nudo a desatar
-¿Cuál es el escenario económico para el próximo gobierno nacional, considerando todos los sectores de la economía y, también las políticas públicas?
-Creo que el próximo gobierno va a heredar una situación macroeconómica estable, con dos problemas importantes: una inflación elevada y unos precios en dólares desalineados del equilibrio de largo plazo. Moderar la inflación y abaratar la economía en dólares van a ser los dos desafíos.
Para desatar ese nudo, la variable crucial en materia de gestión de políticas macro hacia adelante es tener un esquema de negociación salarial más adecuado que el que tenemos hoy.
La impresión que uno tiene es que la economía se rigidizó nominalmente en los últimos años, que la economía se reindexó en los últimos años, básicamente al influjo de las negociaciones salariales. Por lo tanto, creo que un capítulo importante para el próximo gobierno es construir los consensos necesarios como para poder, manteniendo los principios de equidad que están detrás de la estructura de negociación colectiva, lograr la flexibilidad suficiente como para que ese objetivo de contribución a la equidad en materia de negociación salarial no se constituya en una restricción importante para procesar abaratamientos de la economía, o desinflaciones, que la economía los necesita, porque, si no, el ajuste que se terminará procesando es un ajuste en términos de empleo. Creo que un gran desafío es cómo repensar el esquema de negociación salarial de cara a las próximas rondas.
Este gobierno, tímidamente, puso sobre la mesa un capítulo que pretendía ir en esa dirección. Había dos propuestas: una era seguir por la base de ajustes reales y otra por ajustes nominales. Me parece que el camino adecuado es seguir profundizando en la lógica de los planes alternativos que no fueron considerados por la mayoría del sector privado, que es ir hacia metas nominales de aumentos de salarios.
Esto no necesariamente quiere decir pensar en mecanismos que permitan rebajas salariales, sino en mecanismos que permitan que la evolución de los salarios refleje la evolución de la productividad, y que no se generen crecimientos reales por encima de la productividad, como ha ocurrido recientemente, porque al final del día lo único que alojan es una tensión muy grande sobre el sistema de precios (…). Creo que ese es el principal desafío que tiene el próximo gobierno, y también encontrar el espacio fiscal para que algunas de las promesas se puedan cumplir.
Nota publicada en diario El País, suplemento agropecuario en edición de abril de 2014.
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